Pensar el universo: entre lo visible y lo incomprensible
En la exposición "El Botijo Cuántico" se incorpora una pizarra como pieza conceptual y simbólica, inspirada en una de las pizarras reales utilizadas por Stephen Hawking durante su trabajo como físico teórico en la University of Cambridge, dentro del Departamento de Matemáticas Aplicadas y Física Teórica (DAMTP).
Esta pizarra, como se observa en la fotografía, esta conservada tal y como quedó tras una de sus últimas sesiones de trabajo.
Se ha convertido con el tiempo en un objeto casi mítico. No fue concebida como obra ni como pieza divulgativa, sino como un espacio de trabajo cotidiano, un lugar donde el pensamiento tomaba forma a través de ecuaciones, símbolos y trazos de tiza provisionales. Precisamente por eso, hoy se percibe como un testimonio excepcional del pensamiento científico en proceso.
Un contenido abierto, fragmentario e inacabado
En la pizarra aparecen expresiones propias de la física teórica avanzada: elementos de relatividad general, cosmología, teoría cuántica de campos en espacios curvos, referencias a agujeros negros, entropía y a los fenómenos asociados a la radiación que lleva su nombre. No hay una ecuación “final” ni una explicación cerrada. Los cálculos están incompletos, algunos parcialmente borrados, otros apenas esbozados.
No se trata de un mensaje cifrado ni de un enigma con solución, sino del rastro material de un proceso mental en marcha. Para la inmensa mayoría de quienes la observan, su contenido resulta ilegible; incluso para especialistas, solo puede interpretarse de manera parcial y contextual.
El misterio como límite del conocimiento
La llamada “pizarra de Hawking” es considerada misteriosa no porque oculte un secreto concreto, sino porque encarna algo más profundo: el límite entre lo que el ser humano puede formular y lo que todavía no puede comprender del todo. Es una pizarra que no explica, sino que sugiere; no enseña resultados, sino que muestra el esfuerzo por alcanzarlos.
En ella conviven el rigor matemático y la incertidumbre, el conocimiento acumulado y la intuición, la claridad formal y el vacío que aún queda por llenar. Es, en esencia, una metáfora visual del pensamiento enfrentado al universo.
Diálogo con El Botijo Cuántico
La pizarra se integra en El Botijo Cuántico como una pieza viva, en diálogo directo con el resto de la exposición. Al igual que los botijos ,objetos tradicionales transformados aquí en contenedores de ideas científicas, la pizarra deja de ser una herramienta técnica para convertirse en un espacio simbólico y participativo.
Esta pieza es interactiva: las tizas y el borrador están a disposición del público, que puede escribir, borrar y dejar sus propias fórmulas, esquemas, pensamientos o demostraciones.
De este modo, la pizarra no muestra un conocimiento cerrado, sino un conocimiento en construcción, colectivo y cambiante.
La intervención del visitante completa el sentido de la obra: el pensamiento científico y creativo no se presenta como algo terminado, sino como un proceso abierto, donde cada trazo es una tentativa por comprender el universo y, al mismo tiempo, una aceptación de sus límites.